CONGREGACIÓN

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UN CAMINO HACIA DIOS

 

«San Luis Potosí se engalana con la presencia de S.E. Fortunatus Nwachukwu

Nuncio Apostólico en Nicaragua»

María Socorro Pérez Coss y León, mcmi.

 

 

 

 

El pasado 24 y 25 de abril, la ciudad de San Luis Potosí, y de manera especial, el primer Congreso de Infancia Espiritual en el Colegio Sembradores de Amistad, se vieron engalanados con la presencia de Monseñor Fortunatus Nwachukwu, quien es Nuncio Apostólico en Nicaragua.  

 

 

 

S.E. Mons. Fortunatus Nwachukwu, nació en Ntigha, Nigeria, el 10 de mayo de 1960. Fue ordenado sacerdote el 17 de junio de 1984.

 

Ingresó en el servicio diplomático de la Santa Sede el 1 de julio de 1994. Ha servido desde entonces en las Nunciaturas Apostólicas de Gana, Paraguay, Algeria en la Oficina de las Naciones Unidas e Instituciones Especializadas y en Ginebra en la Sección de Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado del Vaticano.

Fue nombrado Jefe de Protocolo de la Secretaría de Estado del Vaticano el 4 de Septiembre de 2007. El Papa Benedicto XVI, el 12 de noviembre de 2012 lo nombró Nuncio Apostólico para Nicaragua, consagrado Arzobispo. Habla inglés, italiano, alemán, hebreo, francés, español y árabe. Cuenta con varios doctorados, pero su especialidad es en Sagrada Escritura.

 

Monseñor Fortunatus, en el Congreso de Infancia Espiritual, impartió magistralmente la primera Conferencia: «Infancia espiritual, fundamento bíblico de la Filiación Divina». El plus de su participación en este primer Congreso, fue el aporte completamente nuevo a la interpretación de la doctrina de Infancia Espiritual, haciendo avanzar la teología bíblica además de arrojar bastantes luces a la espiritualidad dada por el Espíritu Santo, a través del Venerable Siervo de Dios Moisés Lira Serafín, M.Sp.S.

No es posible en este espacio reproducir toda la conferencia, sin embargo, en espera de la memoria del Congreso avanzamos algo de la introducción y conclusión:

« “El plazo está vencido, el Reino de Dios se ha acercado. Tomen otro camino y crean en la Buena Nueva” (Mc 1,15).

 

Con estas palabras, Jesús inicia, según el evangelio de Marcos, su ministerio público. De hecho, el anuncio del Reino de Dios constituye, en los evangelios sinópticos, el tema principal y el eje transversal de su misión. Jesús no sólo anuncia con sus palabras la cercanía del Reino de Dios, también lo hace presente en su persona. […] Según su enseñanza, el reino de Dios “viene”, “es dado”, “es acogido”, “se ve” y en él “se entra”.

 


 

Al referirse a la acogida de este Reino y a la participación en él, Jesús recurre a la figura de un niño, un infante, un recién nacido. Según él, se debe acoger el Reino como un niño y hacerse como un niño para poder ingresar en él. Se trata de una enseñanza que ha inspirado a lo largo de los siglos y en la historia de la Iglesia, las doctrinas y vidas de varios santos. Piénsese, por ejemplo, en las enseñanzas de San Máximo de Turín, de San León Magno y de varios autores y pastores que han interpretado las palabras de Jesús sobre la figura del niño y su relevancia en el camino de santidad y de la búsqueda del Reino de los cielos […]  El Venerable Siervo de Dios padre Moisés Lira Serafín, insistió en la dimensión de la filiación divina que subyace en las palabras de Jesús sobre los niños.

 

El padre Moisés Lira Serafín insistió mucho en esta estrecha relación entre la infancia espiritual y la filiación divina, y en su fuente común que es la relación de amor entre Jesús y el Padre.

 

Él habla con gran entusiasmo del Padre que es Dios, infinitamente perfecto, eterno, poderoso, riquísimo; Dios es amor, por consiguiente, infinitamente bueno; no muere, no se acaba; un Padre que no se turba, no se cansa, no cambia como los de aquí abajo. Este concepto de Dios tiene que provocar sentimientos de confianza, de felicidad y de bondad, que para el padre Moisés son elementos esenciales para la santidad.

 

Para él asemejarse a pequeños niños implica, ante todo, asemejarse a Jesús. “Él fue el primer pequeño, el primer Hijo de Dios y Él, mejor que nadie, nos enseñará el camino!”

 

En breve, la infancia espiritual y la filiación divina son para él dos caras de la misma moneda, que es el camino del amor filial y paternal que existe entre Jesús y el Padre. Un elemento fundamental de la lectura que él da a este camino de vida espiritual, es la alegría que nace del mismo. El P. Moisés, se dice, reflejaba tal alegría en su rostro casi como un sello de identidad». Así concluyó Mons. Fortunatus.